martes, 30 de octubre de 2012

Planificación III: Preparación, acción, finalización


Vamos a continuar con esto de la planificación, de la organización para alcanzar los objetivos que nos propongamos.

Recordemos las etapas de la planificación:

1ª Decisión:

   - Herramienta: hoja de objetivos.

   - Preguntas: qué, por qué, qué mejorará en mi vida, a qué debo renunciar; cómo, fases, plazos.

2ª Preparación:

   - Herramienta: hoja de “nube” (esto es una hoja en blanco en la que iremos escribiendo - yo lo hago a mano - todo lo que se nos ocurra en relación con el objetivo que queremos conseguir) y Cuadro de programa.

   - Desglose de objetivos, plazos.

   - Recompensas para cada paso dado.

   - Marcar el día de comienzo de cada fase.

3ª Acción:

   - Herramienta: Cuadro de programa con plazos, otorgarse recompensas.

   - Visualizar acción, durante una sesión de programación en relajación.

   - Afirmaciones positivas escritas según se avanza

   - Actuar…

4ª Mantenimiento y Finalización.

   - Herramienta: autodisciplina.

   - Objetivo cumplido ¿? Comprobar que coincide con la Visión.

La fase de Preparación es la planificación tradicional, lo que todos entendemos por planificar, es decir, hacer un plan.

Ya hemos decidido, preferentemente en función de intereses vitales y de crecimiento, cual es nuestra meta, el objetivo que nos llevará a la Visión.

Para que no se quede ninguna trarea relevante sin analizar, lo que yo hago es coger una hoja en blanco y escribir todo lo que se me ocurre en relación con el objetivo, todas las tareas que creo que tendré que hacer, y respecto de estas (o de los subobjetivos secuenciales que tenga que ir cumpliendo) voy escribiendo todos los conocimientos que tendré que adquirir o poseer y todas las acciones que se me ocurren útiles para alcanzar el objetiva.

Después se establecen qué acciones cumplirán los objetivos marcados, cuáles son las etapas que se deben ir cumpliendo, cómo ir adquiriendo conocimientos relevantes.

Cada acción debe ir encaminada a cumplir una meta. Para cada tarea, para cada acción se establece un principio y un fin, dentro de los plazos dados para los subobjetivos.

Algunas tareas pueden estar superpuestas en cuanto a los plazos, dependiendo de cuales son los subobjetivos a los que atienden. Conviene que las tareas sigan un orden sucesivo.

De este modo se elaborará un plan de viaje, con definición de las etapas a corto, medio y largo plazo. Es muy importante definir los plazos y los objetivos de forma realista, que sean posibles, pero desafiantes. Marca fechas de comienzo de las tareas, dejando tiempo para realizarlas, sin que sea excesivo (principio de Parkingson).

Así las cosas se establecen tres tipos de plazos: largo, medio y corto. El primero para las metas, el segundo para los subobjetivos, y el tercero para cada una de las tareas a realizar para cumplir los objetivos a medio plazo.

Dentro de la planificación, y teniendo en cuenta todos los objetivos y ocupaciones, es conveniente establecer un horario, una rutina de trabajo. Para una buena planificación conviene seguir cuatro ideas: realismo en el plan de trabajo, dotar al plan de flexibilidad, mayor en la planificación diaria que en la semanal para corregir desajustes diarios. Constancia, asignando una dedicación diaria o semanal a las tareas más relevantes. Por último feedback, revisión de objetivos cumplidos, otorgándose uno mismo premios o recompensas en función de su cumplimiento.

Recuerda que el plan de viaje hay que fijarlo una vez, y luego mantenerlo. Flexibilidad no significa revisarlo cada día, ajustándolo a diario porque no se cumplieron los objetivos marcados. Formule las tareas y objetivos diarios y semanales de forma adecuada a su tiempo real, y a sus fuerzas reales, de forma que supongan un desafío, pero no una proeza.

También es interesante incluir recompensas para la finalización de cada tarea.

La siguiente etapa, es la acción, el cumplimiento continuado de las tareas y acciones que nos hemos propuesto. Para mantenerse están bien las recompensas de las que hemos hablado.

La última etapa es la finalización, el momento en el que la situación actual es la Visión que hemos tenido.

Yo suelo utilizar unos cuadros hechos a mi gusto.

Por ejemplo elaboré un plan para desarrollar este gabinete, plan entre cuyas tareas se encuentra la de elaborar un blog, y la de elaborar una página Web para contactar con mis pupilos de forma que además de las sesiones presenciales podamos mantener un contacto virtual, y más continuo.

También tengo pendiente, con vistas a ese gabinete virtual, aprender a emplear las herramientas de la nube para subir las herramientas que he ido elaborando a lo largo de este tiempo. Cuando haya aprendido prometo poner un enlace para que accedáis a estas herramientas.

Como siempre, si tenéis dudas o necesitáis ayuda para aplicar de forma práctica lo que cuento de forma teórica, no dudéis en hacer comentarios a continuación, o enviar un mensaje a gabinete.sumar@gmail.com

jueves, 25 de octubre de 2012

Planificación II: organización del tiempo


Antes de continuar con la planificación propiamente dicha, quiero entrar en otra cuestión íntimamente relacionada, que es la organización del tiempo. Buscamos mejorar la eficiencia, entendida como la obtención de resultados con el menor gasto posible, e incrementar la eficacia, entendida como la consecución de los objetivos concretos pretendidos.

¿Por qué antes de entrar en la forma de planificar, de elaborar el plan de viaje? Porque creo que es necesario previamente conocernos en este sentido, saber de cuanto tiempo disponemos, cuanto tiempo somos capaces de dedicar a una tarea, cuales son las actividades que nos hacen perder el tiempo (es decir, que cosas no queremos hacer y no deberíamos hacer, pero sin embargo hacemos). Solo entonces seremos capaces de formular una planificación adecuada, y de programar plazos para las tareas y objetivos que nos marquemos.

También sería bueno conocer, en este punto, nuestra capacidad de concentración, algo que ya se ha tratado en una entrada anterior.

En todo caso es importante tener en cuenta que las herramientas que se proponen es este blog son herramientas generales, que cada uno puede y debe ajustar a su manera de ser. Solo entonces os funcionarán.

Y es que las rutinas generalizadas no valen para todos, es necesario adaptarlas a nosotros. Por ejemplo, después de 48 años de convivencia conmigo mismo, me he dado cuenta de que no siempre trabajo igual. Cuando tengo mucho tiempo, y poco trabajo, suelo adormecerme, “rindo” menos. Sin embargo cuando tengo alrededor un buen número de tareas, cuando tengo “presión”, trabajo más y mejor. Es una cuestión de personalidad.

Lo que suelo hacer, entonces, para mejorar mi rendimiento, es buscarme tareas.

Por qué unas veces funcionamos mejor, y sobre todo, por qué no conseguimos “rendir” bien.

Las pérdidas de tiempo y las interrupciones son culpables de una disminución de eficacia, de la no consecución completa de los objetivos pretendidos, pero sobre todo son causa de pérdida de eficiencia, especialmente de eficiencia temporal. Por lo tanto esta será nuestra primera tarea, detectar las causas de pérdida de tiempo en nuestro día a día. Hay causas de pérdida de tiempo externas (llamadas de teléfono, visitantes, reuniones, niños, compras, cocina o limpieza de la casa), pero también internas (mejorable establecimiento de prioridades, plan de trabajo cotidiano, falta de orden, pereza, falta de fechas interiores de cumplimiento de objetivos, etc).

Hay dos leyes que rigen el uso del tiempo en el trabajo, la Ley de Pareto que dice que el 80% del trabajo se realizará en el 20 % del tiempo y la Ley de Párkingson, que dice que el trabajo se expandirá hasta ocupar el total del tiempo disponible para realizarlo. Es decir, el 80 % del trabajo lo cumpliremos en el 20 % del tiempo final, si no planificamos bien y cumplimos lo planificado.

Un medio de determinar cuanto y cuando aparecen estas interrupciones o pérdidas de tiempo es hacer un cronograma de un o dos días. Para ello elaboramos un cuadro de doble entrada como el que sigue, por ejemplo:





Como se ve se han establecido intervalos de un cuarto de hora, si bien intervalos de media hora también pueden ser relevantes en función de la tarea que se realice.

Las horas pueden adecuarse en estudiantes al tiempo empleado en su trabajo, no necesariamente todo el día, aunque un horario completo nos dará un cuadro de tiempos en los cuales el rendimiento es alto y se pueden emplear en estudiar. En cualquier caso en las celdas de la derecha se ingresarán las actividades que se realicen en cada momento, habiéndose establecido la posibilidad de simultanear tareas, o bien de describir en una de las celdas las interrupciones que existan en ese momento a la tarea realizada.

Entiéndase que cuando se habla de actividades no se trata de las concretas tareas de trabajo, sino de la actividad que se realice, incluyendo las pérdidas de tiempo, lectura del horóscopo del periódico, navegación ociosa por internet, jugar al solitario, etc.

Se trata de analizar un día (o más de uno) cualquiera, pero no de buscar un “día medio”, que difícilmente existirá. Por eso es mejor tomar el día inmediatamente anterior al que se vaya a hacer el análisis, o si se quiere, rellenar el cuadro en el momento. Solamente se descartará el día si es extremadamente diferente respecto de la normalidad percibida. De este modo se consigue un escenario de situaciones de “pérdida de tiempo”, y de este modo se consigue mejorar en este aspecto.

Las actividades realizadas se dividirán en dos categorías, en un primer momento: cotidianas o excepcionales.

Después, especialmente para las actividades cotidianas, distinguiremos aquellas que constituyen interrupciones, pérdidas de tiempo o actividades no necesarias, de las tareas de trabajo o estudio que sí resultan relevantes para la consecución de nuestros objetivos.

En estas actividades relevantes haremos dos tipos de marcas para poder priorizarlas: aquellas que son urgentes, es decir, que o se hacen en un momento determinado o ya no se podrán hacer, y aquellas que son importantes para nuestros objetivos o en nuestro trabajo. Se conforman así cuatro categorías: las urgentes y necesarias, las urgentes pero no necesarias, las necesarias pero no urgentes, y las ni necesarias ni urgentes.

Se busca focalizar el esfuerzo allí donde hace falta, disminuyendo el tiempo dedicado a otras cuestiones menos importantes o relevantes. La priorización de las actividades es la siguiente: 1º Urgentes Y necesarias, 2º Necesarias, 3º urgentes y no necesarias, 4º ni necesarias ni urgentes. De este modo se dedica el tiempo a aquello que es importante, evitando que aquello que no es ni necesario ni importante nos reste tiempo de trabajo.

Para encontrar qué tareas son relevantes, importantes o urgentes, basta con hacerse las siguientes preguntas:

            ¿Hace falta hacerlo?

            ¿Por qué hace o no hace falta?

            ¿Puedo hacerlo en otro momento?

            ¿Puedo hacerlo a la vez que otra cosa?

            ¿Hay una forma más sencilla de hacerlo?

Son preguntas que yo me hago, tal vez a vosotros os vendrían mejor otras, adaptadas a lo que pensáis o necesitáis.

¿Os parece útil esta entrada? ¿Hay algo más que queráis saber? ¿Hay algún punto que queráis aclarar? No dudéis en escribir los comentarios que os parezcan oportunos, o bien enviadme un correo a gabinete.sumar@gmail.com



martes, 23 de octubre de 2012

Planificación I

Durante los últimos años me he dedicado a trabajar con personas. Como profesor, dando clases a niños y adolescentes, de distintas asignaturas; como preparador de oposiciones, aprovechando mi trayectoria de opositor; y como preparador “mental” o entrenador para que esas personas pudieran aprovechar mejor sus recursos, al margen de las concretas asignaturas que pudiera explicar.

El entrenamiento y preparación para que otras personas pudieran mejorar profesional y personalmente, al margen de los estudios, también ha sido parte de mi trabajo.

En este tiempo me he presentado a distintas oposiciones, sin aprobarlas. Analizando las causas de esos reiterados suspensos, me he terminado por preguntar ¿de verdad quería aprobar?

Lo cierto es que nunca he dedicado ni todo el tiempo posible ni toda mi atención a estudiar. Siempre han existido otras cuestiones que me han interesado más, en especial dedicando tiempo a mi familia.

Entonces…¿de verdad quería aprobar? He llegado a la conclusión final que no, que no quería aprobar porque lo que realmente me gusta hacer es esto, el coaching, en terminología actual; la preparación o entrenamiento mental.

El cambio de objetivo no significa que me arrepienta de lo que he hecho. Todo lo contrario. Pienso que cada paso que damos nos ayuda a crecer como personas, que tenemos derecho a cambiar de camino o de trayectoria profesional, o simplemente de opinión. Siempre obtengo experiencias positivas.

Dediqué tiempo a analizarme, a decidir qué quería hacer, a qué me quería dedicar, con qué meta estaba dispuesto a comprometerme. Esa meta es ésta, un gabinete de ayuda y de superación. Una vez establecida esa decisión fuerte, lo demás va desarrollándose fácilmente.

Voy a dedicar algunas entradas a la planificación. A cómo plantear los objetivos, las metas, cómo planificar y programar el futuro, como organizar el tiempo, cómo establecer las metas importantes, y como rechazar aquellas que no son importantes para nosotros. Con independencia de lo que piensen los demás.

Son muchos los libros y métodos dedicados a ayudar a planificar, a programar el trabajo para obtener objetivos. Uno de ellos, Plan Estratégico Personal, de Miguel Ángel Mañas Rodríguez, es realmente completo (http://goo.gl/LqtLq).

Ciertamente la planificación para conseguir objetivos puede enfocarse en cualquier ámbito de la vida, tanto en el profesional, como vital, emocional, de crecimiento personal, deportivo…

Voy a centrarme principalmente en el desarrollo de una planificación orientada a lo profesional, incluyendo aquí los estudios, especialmente cuando son la dedicación central de algunas personas (universitarios, estudiantes de formación profesional, opositores, estudiantes de bachiller y últimos cursos de Educación Secundaria).

Son cuatro las fases principales de la planificación: Decisión, Preparación, Acción y Mantenimiento o Finalización.

La planificación comienza por la decisión unida a la confianza; el absoluto convencimiento de que se va a lograr lo que se quiere, sin necesidad de ser perfecto.

La única actividad que no dará ningún resultado es la que no se inicia, lo más limitativo es la indecisión.

Para tomar la decisión de actuar, de perseguir un objetivo, es preciso previamente definir los objetivos a largo plazo, clarificar las metas. La mejor manera es formularse preguntas como las siguientes:

- Qué quiero: en qué área quiero mejorar, qué me gustaría cambiar.

- Por qué lo quiero.

- Qué va a mejorar en mi vida cuando alcance mi objetivo, que importancia tiene para mi esa mejora.

- A qué tengo que renunciar para alcanzar mi objetivo.

- Qué obstáculos exteriores e interiores (miedos, temores) existen.

- Cómo voy a lograrlo, que apoyos y recursos tengo.

De este modo se pueden delimitar los objetivos alcanzables, reales y deseados. Deben suponer un reto, siendo posibles, algo que nos atraiga y que nos seduzca, siendo alcanzable, posible.

Ten en cuenta que existen diferentes niveles de objetivos: de acción o inmediatos, de mejora de la situación o estado y objetivos vitales y de crecimiento personal. El método expuesto sirve para todos, pero la planificación concreta difiere, sobre todo en cuanto al horizonte temporal.

Una vez tomada la decisión de actuar, de perseguir una meta, pero antes de atacar la planificación concretamente, viene la fase de preparación, en la que cada objetivo se amplía y se desglosa en partes, en subobjetivos concretos para los que se establecerán plazos de consecución. Lo veremos otro día.

jueves, 18 de octubre de 2012

Estado de ánimo.



Esta semana ha sido complicada. Suelo escribir entradas los martes y los jueves, pero este martes no he podido.

Recordaréis que en otra entrada hablé de cómo ayudar a alguien a comprender y a aceptar la partida de un ser querido. Incluía un cuento.

El lunes finalmente una persona querida partió.

Lo normal es sentir pena, lo que podemos evitar es que esa pena nos impida continuar, caer en una depresión, en un estado mental de decaimiento al que acompaña un estado físico de cansancio.

Ya hablé de cómo mantener al ser querido en nuestros pensamientos, en nuestro recuerdo. Sentirnos orgullosos de haberlo conocido, y recordar sobre todo los buenos momentos.

Pero…cómo hacerlo.

Porque es difícil no llorar, no sentir pena continuamente.

El duelo, es decir, la fase en la que los sentimientos de pena se agolpan y nos impiden pensar en otra cosa, dura un tiempo que es distinto para cada persona. Ese duelo se repite en fechas señaladas, como su cumpleaños, Navidad, el aniversario de su partida, y otras según nuestros recuerdos.

Sin embargo no debemos permitir que ese duelo dure demasiado. Pronto debemos iniciar de nuevo nuestra vida, pues otros seres queridos siguen aquí y nos necesitan.

De nuevo: ¿cómo?

Los sentimientos de pena, de amargura, de desazón, igual que los de ira o incluso los de miedo sin sentido, se inician en el momento en que llega a la conciencia algún pensamiento relacionado con un recuerdo que genera ese sentimiento. Cuando no controlamos la llegada de ese sentimiento, nos invade y nos paraliza.

Una forma de tratar con esos pensamientos negativos, obstructores o que producen interrupciones en nuestras tareas tome demasiado protagonismo es detectarlos y detenerlos.

Lo primero será ser capaces de detectar los pensamientos “interruptores”, aquellos que hacen que dejemos la tarea de una forma u otra, o que no iniciemos una sesión de trabajo. Son pensamientos que nos hace evadirnos del objetivos, bien por ser derrotistas (“no se por qué hago esto si no me va a servir para nada”…); negativos (“no estoy consiguiendo mis metas al ritmo que me había propuesto”), simplemente de evasión, pensamientos que son espejo de nuestra muy humana pereza, o respecto a lo que estamos tratando, sentimientos de pena.

Recordar en todo momento, cuando se pierda la atención o se tengan “debilidades”, cuál es el objetivo, y en que medida la acción que estamos realizando permitirá cumplir los objetivos. Recordad en el caso de la pena que ese sentimiento no va a deshacer el tiempo, y que aquellos que se han ido no querrían vernos hundidos, sino continuar, que aquellos que nos quieren lo que desean es vernos bien.

Para romper la cadena de pensamientos negativos, el método es similar al que se emplea cuando se deja de fumar: mediante detención del pensamiento o mediante el uso de anclajes positivos que permitan volver al estado de concentración.

La detención del pensamiento consiste en parar nuestra mente, decirnos: ¡Vuelve!, y recuperar los objetivos, pensar en para qué estamos haciendo nuestro trabajo y recordar que tenemos un plan que cumplir; visualizarnos (durante un instante) con los objetivos cumplidos y con las ganancias en nuestra mano, vernos continuar en el tiempo, pensar que en el futuro continuarán los buenos recuerdos, y que la pena que se siente es solamente el reflejo del amor o de la amistad que se dio y se recibió.

Otra manera de mejorar el estado de ánimo, de elevarlo, es dedicar el tiempo a otras cuestiones. El cerebro humano tiende a dirigir la atención hacia una sola cosa, si ese trabajo es suficientemente motivador, los malos recuerdos se difuminarán.

Así que dedicad tiempo a trabajos que os gusten, a hacer un álbum de recuerdos, a elaborar una lista de todo lo bueno que os dio esa persona, a tareas de voluntariado, por ejemplo con amigos que necesiten ser escuchados (no a contar vuestras penas, sino en todo caso a compartir los buenos recuerdos, esas risas que os echasteis juntos).

Dedicar tiempo a los demás es un método excelente para que la pena se transforme en recuerdo, y los recuerdos que perduran son siempre los positivos.

En memoria de Fina, y como reconocimiento del esfuerzo, dedicación y amor que le dieron, especialmente, sus tres hijas.





jueves, 11 de octubre de 2012

Confianza y autoestima

Algunas personas aprenden de sus errores. Y cuando tienen un fracaso no se rinden sino que buscan dónde fallaron y tratan de mejorar.

Son personas optimistas (os recomiendo otra vez el libro Inteligencia Emocional de Daniel Goleman, http://goo.gl/vuczI).

Algunas personas encuentran una motivación interior para continuar, motivación que se encuentra en su pensamiento positivo. Son personas con un alto nivel de expectativas (Snyder) que confían y esperan alcanzar buenos resultados en su vida.

Ejemplos de esa motivación interior se encuentran en algunos deportistas que, cuando pierden un partido o una carrera, lejos de venirse abajo, renuevan su esfuerzo para ganar la siguiente. Matt Biondi, un nadador del equipo olímpico americano en 1988 es un ejemplo. En las dos primeras finales que disputó quedó tercero y segundo; como era una gran promesa del deporte que no conseguía obtener lo esperado tal vez algunos pensaran que se iba a venir abajo. Sin embargo lo que hizo fue ganar la medalla de oro en las cinco siguientes pruebas.

Más recientemente he visto un comportamiento similar en un tal Michael Phelps en las olimpiadas de Londres de 2012.

Martin Seligman, un importante psicólogo americano, define el optimismo como la forma en que algunas personas se explican a si mismos sus éxitos y sus fracasos. Los optimistas buscan qué deben cambiar para mejorar. Los optimistas actúan frente a los contratiempos de forma activa.

Es cierto que a veces las circunstancias que nos rodean parecen demostrar nuestra incapacidad para una tarea, o para resolver cualquier problema. En una próxima entrada trataré de este tema, el síndrome de indefensión aprendida, cuyo modelo estudió precisamente Seligman.

Ahora voy a dirigirme precisamente en la dirección contraria, en la del fomento de la confianza y de la autoestima.

Vamos a evaluar la autoestima mediante el siguiente TEST

  TEST DE AUTOESTIMA (este es un simple test de prueba, no significa nada más que una orientación del sentido en el que mejorar).

   Responda evaluando del 1 al 5 según el grado en que esté de acuerdo con las siguientes afirmaciones (1 nada de acuerdo, 5 muy de acuerdo):

   1 Me gustaría valorarme más.

   2 Repasando mi trayectoria profesional y personal, creo que tengo muchos motivos para sentirme orgulloso.  

   3 Tengo una actitud positiva respecto a mi mismo.

   4 A veces me siento inútil.

   5 La mayoría de mis cualidades son buenas.

   6 Estoy seguro de que puedo hacer las cosas tan bien como la mayoría de la gente.

   7 En general me siento satisfecho de mi mismo.

   8 Soy una persona digna de aprecio por los demás.

   9 Muchas veces pienso que no sirvo para nada.

   Sume las respuestas dadas en las frases 2, 3, 5, 6, 7 y 8; reste las respuestas para 1,4 y 9. Si el total es cercano 27 su autoestima es buena; cuanto más bajo sea el resultado final, más importante es quererse.

Aun cuando no son conceptos equivalentes, la autoestima es definitoria de la confianza que tengamos en conseguir nuestros objetivos. Por eso es fundamental “caernos” bien, al fin y al cabo somos la única persona con la que obligatoriamente tenemos que convivir toda la vida. Tener una visión positiva de la vida y de nosotros.

Se puede ganar confianza, autoestima.

Un método es mantener “conversaciones” con uno mismo, en las que el lenguaje utilizado sea siempre positivo (ya he tratado de esto), cambiando los verbos y las etiquetas. En vez de decirse “tengo que…”, “debería …”, vamos a utilizar “voy a…” y “estoy…”. Este último verbo implica para el subconsciente un gran impulso pues supone que la acción no solamente se está realizando, sino que se están consiguiendo los objetivos. El lenguaje que utilizamos en las conversaciones con nosotros mismos es primordial, pues influye en el subconsciente.

En apoyo de la confianza, “elegir”. En el momento en que “flaquean” las fuerzas, “elegir”: “¡elijo estudiar / trabajar / entrenar!”

A veces somos nosotros los que minamos nuestra confianza al establecer barreras asentadas en creencias erróneas: qué es necesaria la aprobación de los otros en todo lo que hagamos o que siempre se ha de ser competente y hacer todo a la perfección, entre otras.

Para vencer estas barreras hay centrarse en el presente, en lo que hacemos, y hacer la tarea que nos hemos marcado, tan bien como podamos, pero para nuestro beneficio y aprobación, y no para lo que los demás quieren. Aquellas personas que hacen cosas pensando sólo o principalmente en lo que otros vayan a pensar, estará perdiendo buena parte del gusto por la acción en sí, del disfrute del resultado y del camino.

En resumen: eliminad las obligaciones pesadas, los “tengo que…(adelgazar suele ser un verbo que termine esta frase” y sustituirlo por “estoy comiendo menos”, “estoy haciendo deporte”, “elijo no comer ese postre”. La elección voluntaria, pensando tan solo en la mejora de salud que sentiremos, en el gusto por haberlo hecho bien, y no en si otros nos ven o nos dejan de ver gordos, porque seguro que a alguien no le gusta nuestro cuerpo.

Comenzad por cosas sencillas y aplaudiros mentalmente cuando las hagáis. Y cuando algo no salga bien, buscad qué falló, qué podría ser mejorado, sin buscar culpables, ni, por supuesto, culpabilizarnos a nosotros mismos. El remordimiento por lo que se ha hecho o dejado de hacer no sirve, absolutamente, para nada.



martes, 9 de octubre de 2012

Cuerpo y mente

Solemos pensar que cuerpo y cerebro son partes diferentes de nuestra persona, que nada tiene que ver el cuerpo con la mente.

Sin embargo se ha encontrado que en distintas partes del cuerpo se almacenan emociones.

Así en los trasplantes algunos científicos investigan si el receptor adquiere emociones y apetitos del donante, por ejemplo el doctor Josep María Caralps, uno de los primeros en realizar trasplantes cardíacos en España (jefe del Servicio de Cirugía Cardíaca del Hospital Quirón de Barcelona), considera que el corazón es más que una bomba que reparte la sangre, y en caso de ser trasplantado puede producirse una transmisión de recuerdos y sensaciones del donante al receptor. La memoria celular se está empezando a estudiar.

Lo cierto es que no debemos considerar el cuerpo como algo independiente de nuestra mente. Somos ambos a la vez. Las somatizaciones de enfermedades o trastornos mentales demuestran la interconexión entre cuerpo y mente. Después de todo el cerebro es un órgano más, o no.

El cerebro, como sabéis, se divide en dos hemisferios interconectados. En la mayoría de las personas en el hemisferio derecho se procesan las emociones y en el izquierdo se procesa racionalmente.

No voy a entrar en mecanismos neurofisiológicos o procesos cerebrales, ni en qué áreas del neocortex se encuentran relacionadas con que zonas del sistema límbico. Es una sola frase y ya nos hemos perdido todos. Hay muchos libros que pueden alimentar vuestro deseo de saber, Inteligencia Emocional de Daniel Goleman puede ser uno de ellos.

En lo que sí me quiero detener es en la coordinación hemisférica, la base del método que empleo en las intervenciones de entrenamiento. La búsqueda de una mayor integración de ambos hemisferios, del conjunto del cerebro. La coordinación de emociones y razón, de manera que la memoria resulte estimulada por la emoción, de forma que los propios motivadores vitales impulsen la disciplina y la continuidad en la consecución de objetivos. Las emociones, en sentido amplio, mejoran las capacidades cuando se coordinan con éstas, cuando emoción y razón actúan en el mismo sentido, apuntando al mismo objetivo.

Vamos a detenernos en un método para fomentar esa integración. No es mía, pero como me parece muy útil quiero proponéroslo.

Se llama BrainGym (gimnasia para el cerebro), y no tiene nada que ver con hacer sudokus o memorizar listas de la compra (aunque estos ejercicios también son buenos).

La base del BrainGym es el movimiento, un movimiento coordinado del cuerpo. Un buen libro para empezar es “BrainGym, Aprendizaje de todo el cerebro”, de Paul y Gail Dennison (http://goo.gl/REJnK)

Resulta algo complicado resumir un libro en la entrada de un blog. Pero sí puedo tratar de explicar una de sus bases.

La idea es movimiento a través de la línea central. Imaginaos un plano vertical que cruzara vuestro cuerpo por en medio, dividiéndolo en dos mitades, derecha e izquierda. Se realizan entonces ejercicios que cruzan la línea central.

Por ejemplo la “marcha cruzada” que en su versión más sencilla consiste en mover pierna derecha con brazo izquierdo cruzando ambos esa línea central imaginaria.

Otro ejercicio sencillo es el que los autores llaman “doble garabato”, que consiste simplemente en dibujar simultáneamente con la mano izquierda y la derecha, reflejando una en la otra. No importa si los dibujos tienen o no sentido, la idea es movilizar simultáneamente los dos brazos, forzando a los dos hemisferios a trabajar coordinados.

En el libro se explican más ejercicios sencillos, y existen más libros sobre el tema. Si alguno de vosotros quiere más explicaciones, ya sabéis, haced un comentario o enviad un mensaje al correo del blog: gabinete.sumar@gmail.com



viernes, 5 de octubre de 2012

Un cuento



Hoy quiero contaros un cuento.

Este año que está en su último cuarto ha sido un año complicado. Personas cercanas y de mi familia han estado muy enfermas. Algunas siguen estándolo.


No es fácil tratar con la muerte. No es fácil aceptar que las personas allegadas no son eternas. Siempre los queremos a nuestro lado.


Yo siempre pregunto a quienes han perdido a alguien importante para ellos ¿cómo estás?, porque la persona que queda aquí es la que sufre.


Creo que hay que llorar, pero no caer en el desconsuelo.


Pasé un tiempo pensando en cómo decirle a mi hijo que una persona a la que quiere se iba a ir, cómo decírselo cuando pasara. Entonces escribí el cuento que viene a continuación (me gusta Jorge Bucay, y este es su estilo, por ai alguna vez queréis leer sus libros), antes de que nada haya pasado, porque soy una persona previsora, aunque imprevisible.


Después de escribirlo, un día hablando con él sobre la posibilidad de la muerte de esa persona, me dijo, con su razonamiento de niño de seis años:


- Papá, hay que dejar que la naturaleza siga su curso, y no tratar de retener a las personas que tienen que irse.


Bueno, y ya había escrito el cuento, así que lo pongo aquí por si ayuda a algún adulto, tanto como mi hijo me ayudó a mi:


Un anciano esquimal, encontró una noche a un joven extranjero al que conocía, llorando junto al pueblo. Al preguntarle por qué lloraba, el joven contestó:


- Acabo de ver la más hermosa aurora boreal, ha sido tan hermosa que mi corazón se ha llenado de emoción y de amor.


- Entonces, por qué lloras tan desconsoladamente, -preguntó el anciano.


- Porque pienso que nunca más veré nada tan hermoso, que mi hijo nunca podrá verla aurora boreal que yo he visto, con sus colores cambiantes, que ha hecho que mi corazón se llenara de alegría.


Entonces, el anciano sonrió.


- Todos aquí hemos visto auroras boreales, siempre hermosas, siempre diferentes, con colores cambiantes; son fugaces, y alumbran el cielo durante un instante, para después desaparecer para siempre. Cuando las vemos, sabemos que desaparecerán pronto, así que guardamos su recuerdo en el corazón, el recuerdo de su calor y de la alegría que nos proporcionó. A todos los que conocemos, les contamos cómo era la aurora boreal, como eran sus colores, cómo nos sentimos al verla, y cómo se alzó en el oscuro cielo durante un instante, para después desaparecer para siempre. Así, el recuerdo de la aurora boreal no se pierde nunca, albergado en nuestros corazones, y nos calienta en las largas noches de invierno.


El joven entendió entonces que acababa de ver algo único, había sido testigo privilegiado de algo muy hermoso, y aunque nunca más pudiera volverla a ver, siempre tendría su recuerdo, y siempre podría hablar de ella, contar lo maravillosa que fue y cómo eran sus colores cambiantes, para que el recuerdo no se perdiera. De este modo, el recuerdo de la aurora boreal tan hermosa que acababa de ver, le acompañó para siempre, albergado en su corazón.


Todos somos auroras boreales, con colores cambiantes, fugaces y hermosas para aquellos que nos quieren. Albergando en nuestro corazón el recuerdo de aquellos a los que queremos, nunca desaparecerán, y siempre nos acompañarán.

jueves, 4 de octubre de 2012

Niños, palabras, miedos y actitudes.

En una entrada anterior hablé sobre el lenguaje, sobre cómo influye en las personas.

En los niños esta influencia es mucho mayor, porque de por sí los niños son influenciables, y obedientes. Si en los adultos las palabras influyen creando etiquetas, obstáculos y anclajes negativos, en los niños las palabras pueden producir efectos muy profundos.

Creamos etiquetas y anclajes negativos en los niños cuando les decimos : “eres…”. Se fija una cualidad en la mente del niño. Si es una cualidad negativa, la puede interiorizar de forma que posteriormente se identifique con ella: “¡Es que eres tonto!”…¿alguna vez se lo habéis dicho a vuestros hijos?.

El problema no surge si se dice una vez. El problema surge cuando se repite, insistentemente.

Si la etiqueta es positiva, también se establece una asociación entre el comportamiento del niño y la cualidad: “eres tenaz”, “eres listo”, “eres CAPAZ”, “TÚ PUEDES”

Sería bueno que vigilásemos qué les decimos a nuestros hijos, el mensaje les transmitimos. Es mejor que el mensaje sea positivo, incluso al regañarles y castigarles si se lo merecen: “puedes hacerlo mejor”, “eres capaz de hacerlo bien”, “piensa cómo puedes mejorar”.

Es muy útil un rincón de pensar en casa. Cuando el niño es pequeño supone un lugar en el que se le puede “castigar”, sin que sea violento. Se le permite salir cuando ha pensado donde estaba su error, qué ha hecho mal, y sobre todo cómo puede corregirlo.

Afortunadamente existe un buen sistema para, sobre todo los niños, borrar las etiquetas, los mensajes negativos que nos dirigen los demás o que se les dirigen a los niños. Borrar, ese es la palabra.

Permite disminuir el efecto negativo de un mensaje dirigido contra nosotros el tener un borrador mental. Cuando alguien nos ataca con sus palabras podemos decirnos “borra eso”. El cerebro humano es maleable, según ha dice Punset, es “plástico”, y esa plasticidad permite que corrijamos los ataques.

Los niños lo hacen muy bien, de modo que si se les entrena un poco serán capaces de eliminar los mensajes invalidantes.

En casa, con mi hijo, empleamos un borrador, no solamente de mensajes (que intentamos no decirle), sino también de miedos.

Los niños son susceptibles de tener miedo a la oscuridad (como todos) y también de tener miedo por la noche, especialmente si han visto una película que les haya impresionado. Cuando se vaya a dormir, decidles que se imaginen un borrador gigante, que lo dejen al lado de la cama (puede emplear las manos para moverlo y dejarlo, el movimiento físico permite que la sugestión funcione mejor). Decidles que utilicen el borrador contra todo lo que les de miedo por la noche, ya sea despiertos o en sueños, que lo borren porque ellos tienen el control de sus mentes y de sus sueños. Que borren al monstruo que creen que les acecha, moviendo el borrador encima suyo.

Este borrador se puede emplear también contra los pensamientos invalidantes que tengáis, pensamientos que proceden muchas veces de esas etiquetas de las que hemos hablado. Podemos entrenarnos para detectar esos pensamientos (no soy capaz de…, no puedo…, le tengo miedo a…) y en cuanto se detecten, detenerlos y borrarlos.

Los pensamientos negativos se retroalimentan, igual que los agresivos (os recomiendo el libro Inteligencia Emocional de Daniel Goleman, del que haré una entrada en el futuro). Si permitimos que los pensamientos distorsionadores se apoderen del momento, podemos vernos deprimidos, bloqueados y, aparentemente, incapaces de actuar. Pero PODEMOS superarlo, detectándolos y borrándolos.

Y sobre todo, podemos enseñar a nuestros hijos a detectarlos y borrarlos, igual que a los miedos, y luego soplar las virutas de todo lo negativo, lejos.

martes, 2 de octubre de 2012

Solución de problemas


Para afrontar un problema,  para buscar su solución,  son necesarias o importantes dos competencias.

La primera contar con recursos mentales para organizar la búsqueda de soluciones y la ejecución de esa solución.
La segunda es la capacidad de reconocer el problema y de enfrentarse a él. Esa decir,  hace falta una aptitud que nos dará el conocimiento,  y una actitud, que nos permita enfrentarnos al problema sin bloquearnos y sin decaer.

La actitud ante los problemas determina la forma en que somos capaces de solucionarlos o de buscar alternativas en el caso en que no tengan solución.

Es conocido ese dicho acerca de los problemas: si tiene solución, para qué preocuparse; y si no tiene solución por qué preocuparse.

Bueno, la preocupación es propia del ser humano,  y denota deseo de anticipación a los problemas. Pero ese no es nuestro asunto hoy. Hoy el asunto es la ocupación.

De nada sirve dar vueltas a los problemas si no buscamos una solución o una alternativa.

Supongamos que tenemos un negocio, una tienda de ropa. Necesitamos contratar a un dependiente. Vienen dos personas, un chico con traje,  erguido, que mira de frente y cuyo currículum no incluye ventas, pero que nos asegura de palabra y actitud que dedicará el máximo esfuerzo a la tienda, a vender y a mantenerla en orden.

La segunda persona es una chica, bien vestida,  con la mirada en el suelo,  hablando bajo,  mirando su reloj. Tiene experiencia como dependiente. Cuando le preguntamos por su dedicación a la tienda nos dice que hará lo que pueda.

¿Con quién nos quedamos?

La diferencia es la actitud. La forma de afrontar los problemas.  En cada una de las facetas de la vida, la actitud es determinante, en mi opinión, de la posibilidad de éxito. Como en todos los caminos, no basta con planear la ruta, o con mirar el mapa, hay que ponerse a andar.

En primer lugar hay que identificar el problema real, para solucionarlo. Pero antes incluso de comenzar a buscar soluciones, hay que hacerse varias preguntas:

¿es importante de  verdad?

Solucionarlo, ¿mejorará mi vida (trabajo, estudio, relación…)?


Los pasos a seguir son:

         A.-       Descripción del problema, definirlo y formularlo, objetivamente.

         B.-       Valorar la intensidad de sentimientos asociados al problema.

         C.-       Determinar las características del problema: dónde, cuándo, cuantas veces, personas implicadas y sus acciones, qué sucede, porqué, qué hago yo, qué pienso, qué siento, dónde respondo, porqué respondo así...Se trata de buscar información sobre el problema, para comprenderlo en profundidad.

          D.-       Objetivos deseados, qué queremos.

          E.-       Redefinir el problema con una actitud positiva, describir los hechos sin ambigüedad.

          F.-       Buscar al menos tres soluciones.

          G.-       Valorar las soluciones en función de la dificultad y en función de sus consecuencias positivas o negativas.

          H.-       Seleccionar una solución y otra de reserva. Este es el momento de tomar decisiones, y confiar en que somos capaces de lograr el éxito.

          I.-         Elaborar planes de acción: Dónde, cuándo, lista de acciones, prever las dificultades. Es el momento de elaborar la planificación.

          J.-        Realizar el plan y evaluar.

Debemos darnos cuenta de que los problemas en la vida son normales, e inevitables. Sucederán sin duda, mayores o menores. Su solución pasa por confiar en que seremos capaces de superarlos, bien por resolverlos, bien por dejarlos pasar sin que nos afecten emocionalmente.

De nuevo recuerdo el mail del blog para que podáis preguntar dudas, si no queréis hacerlo en los comentarios, que están abiertos a todo el mundo: gabinete.sumar@gmail.com