miércoles, 18 de diciembre de 2013

Lenguaje positivo


La Forma en la que hablamos influye en la forma en que nos comportamos, en nuestras emociones e incluso en la manera de ver la vida.

Si nos etiquetamos con:      
    
     “no puedo”,
     “no se”,
     “nunca podré”
     “no soy capaz”,
     “yo soy así, que le voy a hacer”...

Nos estamos poniendo barreras
 
Si les decimos a los demás: 
 
     no, malo, imposible, estoy fatal, todo va mal, voy tirando... 

Estamos ofreciendo tanto a los otros como a nosotros mismos una imagen negativa de nosotros que repercute en nuestra forma de ver la vida, de afrontarla.

Mejor decir:

     me siento bien, no es fácil pero voy a poner todo mi empeño en conseguirlo, quiero conseguirlo... Y lo conseguiré.

Os propongo un ejercicio: hacer una lista con las palabras negativas que vayamos diciendo durante el día, después las cambiaremos en esa lista por palabras positivas, por autoinstrucciones positivas y de logro.

 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Motivación, constancia y hábitos


Tener un golpe de suerte, o un arranque de genialidad, está muy bien. Algunas personas consiguen de repente sus objetivos, especialmente los económicos, de esta manera. En la televisión nos bombardean continuamente para que juguemos a loterías y sorteos (muy difícil lo tienen los ludópatas en España); pero esperar que sea la suerte la que nos acerque a nuestras metas tal vez no sea la mejor de las decisiones. 
 
 
Para la mayoría conseguir algo depende fundamentalmente de nuestro esfuerzo. Primero es necesario quererlo. Por ejemplo centrándose en aquellas actividades que más nos gusten, en aquellos objetivos que más nos motiven, en lo que mejor nos sintamos trabajando o estudiando.
 
 
Para poder hace falta algo más. Obtener un objetivo puntual exige muchas veces un largo camino. La autodisciplina es una herramienta (podéis ver algo más aquí y aquí).
 
De todas las actividades que hacemos al cabo del día, es importante dar prioridad a las que tengan relación directa con nuestros objetivos, con la meta deseada.
 
Esas actividades importantes se pueden temporizar, distribuyéndolas en el día y en el calendario, con fecha de inicio y fecha de fin.
 
Algunas actividades son reiterativas, continuas en el tiempo. Por ejemplo entrenar o estudiar. La constancia es necesaria.
 
Para mejorar las posibilidades de éxito, podemos convertir esas actividades reiteradas y continuas en hábitos. Igual que dormimos casi siempre las mismas horas, o comemos a la misma hora o nos lavamos los dientes después de comer, podemos convertir el estudio o el entrenamiento en un hábito, repitiendo la acción siempre a la misma hora. Eso no significa que no vaya a costar esfuerzo, pero el inicio de cada sesión será más fácil.
 
Recuerda que ese poder está en tu mente, el poder de no dejarse vencer, de mantenerse en marcha.
 
Personas constantes y tenaces en su trabajo pueden superar a otras con mayor capacidad innata, pero que no se mantengan constantes en la persecución de sus sueños.
 
Por ejemplo.
 
Supongamos que eres un adolescente. Con diecisiete años estás esperando ese viaje de fin de curso en el que con todos tus compañeros iréis a la ciudad que tanto quieres visitar…además va esa persona a la que te quieres acercar más… o más veces.
 
Esa es tu meta, tu objetivo.
 
Pregúntate qué necesitas para alcanzar tu meta. Tal vez sea que tus padres o tutores te dejen ir.
 
Y para que te dejen ir, ¿qué necesitas? ¿Aprobar?
 
Y para aprobar… ¿Estudiar?
 
Ese es tu camino, tus acciones instrumentales para obtener tu meta. El viaje y lo que le rodea es tu motivación intrínseca, interna. Se convierte en motivación externa para cumplir las acciones instrumentales (y seguramente objetivo de tus padres).
 
De paso también puedes buscar mayor motivación en esas acciones instrumentales, por ejemplo aprender más de aquellas que vayan a servir como base de futuros estudios o de la carrera profesional que pretendas realizar.
 
Recordar continuamente qué te guía en las acciones que has decidido realizar es un buen modo de reforzar tu constancia. Y una buena herramienta para eso es colocar delante de ti, en un lugar en el que continuamente la veas, una foto de la ciudad, o un mensaje sobre el viaje, o lo que tú decidas.
 
Repetir las acciones siempre a la misma hora, tener presente el objetivo, convertir las obligaciones en instrumentos para tu meta. Son herramientas.
 
Esta es la idea.
 
Ahora ponte en marcha, si quieres.
 
¿Te ayudo?

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Fingir para convencerse uno mismo.


Cuando se repite mucho una palabra, una frase, termina por convertirse en realidad. Sucede mucho con los niños, a los que a veces repetimos frases para corregirlos, y al final se convierten en aquellos que les decimos que son.

También pasa con los adultos, especialmente en las palabras que nos dirigimos a nosotros mismos. Se convierten en etiquetas o creencias aparentemente inamovibles.

Lo contrario también es cierto. Podemos fingir algo bueno, convencer a nuestro cerebro y a nuestro cuerpo de que ya estamos en el camino, o directamente en la meta. Podemos fingir, como buenos actores.

Es decir, una buena manera de acercarse a las metas es “hacer como si”

Hacer como si ya se tuviese el objetivo deseado o como si ya se fuese de la forma que se quiere ser’

Dentro de la grafología, se desarrolló hace mucho tiempo una técnica de  “grafoterapia” que consiste en “imitar” con la letra aquellos rasgos dela personalidad que nos gustaría tener. Por ejemplo, escribir la barra de la letra “t” siempre a la misma altura, más o menos hacia la mitad del palo (y aún mejor si está inclinada un poco hacia abajo), significa constancia, tenacidad. Entonces, si nos forzamos a escribir siempre igual la letra “t”, ganaremos constancia.

Según Amy Cuddy, cambiando el lenguaje corporal podemos moldear nuestra personalidad. Podéis encontrar una conferencia sobre este tema en TED:


Se trata de convencer al cerebro, a nuestro cuerpo, no a los demás. Lo explican muy bien en el siguiente enlace:

 

Ahora solo queda probároslo.