miércoles, 11 de febrero de 2015

Neurocoaching: Coaching y neurociencia


Es conocida desde hace tiempo la capacidad del cerebro de reformarse. Las redes neuronales son capaces de reaprender nuevos conceptos y nuevas capacidades. El concepto es neuroplasticidad.

El cerebro humano es plástico, y puede cambiar su estructura para adaptarse a las circunstancias cambiantes del entorno. De hecho la experiencia modifica la estructura del cerebro, de las redes neuronales. El cerebro tiene la capacidad de renovarse, de reprogramarse, a cualquier edad, dando lugar a nuevas “formas de pensar”

Bajo este enfoque se desarrollan nuevos campos de actuación.

En la Educación se comienza a poner énfasis en el trabajo con emociones, puesto que las creencias, las emociones asociadas a los pensamientos son determinantes en la conformación de las redes neuronales.

Se busca trabajar con continuas novedades, en lugar de mantener rutinas; incluyendo el juego  y el arte como formas de aumentar las posibilidades de aprendizaje.

Uno de los “descubrimientos” más importantes obtenidos a través de la relación entre las neurociencias y el resto de disciplinas, es que la repetición, la práctica continua permite progresar.

Uno de los principios de este nuevo campo de las ciencias neurológicas es el principio de Hebb  que en se puede resumir como “las células que se disparan juntas, permanecerán conectadas”, esto es, el cerebro se estructura de forma que si se repite un pensamiento, o una respuesta a un estímulo, será más fácil que se repita en el futuro. Y esta situación se repetirá, hasta que decidamos cambiarla.

El producto final de cualquier experiencia, dice por su lado Joe Dispenza (Desarrolla tu cerebro) es una emoción. Y las emociones y las creencias están relacionadas con la forma en que el cuerpo se activa.

Dentro del cerebro las neuronas se comunican mediante neurotransmisores, los pensamientos “generan” que esos neurotransmisores se liberen, causando distintas actividades en el cerebro (calma, activación)

A su vez, en distintas partes del encéfalo se producen los neuropéptidos, sustancias químicas que se liberan al cuerpo, como mensajeros, y que producen efectos físicos. Son responsables de la liberación de hormonas y éstas determinan como “nos sentimos”.

Así que un pensamiento, causado por un recuerdo o por la anticipación de un hecho, termina disparando una emoción, un sentimiento.

Y si esas hormonas se mantienen, se mantiene a su vez la emoción durante un tiempo. Es el correlato físico de la zona de confort.

Nos cuesta cambiar de actitud, de forma de actuar, porque todo nuestro yo nos quiere mantener en el antiguo estado de confortable incomodidad.

El coaching te permite abandonar la zona de confort, el cliente es quien decide hacia dónde se quiere dirigir, qué quiere cambiar. El coach acompaña al cliente para que consiga un cambio de observador, y viendo su “vida” desde fuera pueda modificar aquello que desee.

Pero a veces eso no es suficiente. A veces se sabe qué se quiere cambiar, se sabe cómo se quiere ser, se sabe cuál es el objetivo… pero no se encuentran fuerzas. La zona de confort físico, propiciada por años de niveles de hormonas en el cuerpo nos mantiene anclados.

Aquí entran las nuevas técnicas neurológicas, en lo que se ha dado en llamar neurocoaching, reprogramando el cerebro con un nuevo “programa” de pensamiento.

Aunando Coaching, relajación, control mental, meditación y técnicas de equilibrio hemisférico, se pueden alcanzar las metas más profundamente. Se puede alterar el pensamiento inicial, y repitiendo un nuevo pensamiento, y “visualizando” la nueva situación personal deseada, se rompe ese círculo de pensamiento – creencia – emoción, permitiendo salir de la zona de confort.

Pero siempre recordando que es el cliente quien decide dónde están sus límites y dónde su objetivo.

Para más información, o solicitar una sesión personal, www.gabinetesumar.com.