viernes, 21 de agosto de 2015

DECISIÓN Y MIEDO

Decisión y miedo.

Como Psicólogo Experto en Coaching, encuentro a menudo que las personas a las que acompaño en procesos de cambio y mejora tienen dificultades a la hora de actuar, una vez que han tomado una decisión respecto del camino que quieren seguir en sus vidas.

Durante el proceso han encontrado qué quieren hacer, han determinado los medios que necesitan, diferenciando aquellos de los que ya disponen y aquellos que habrán de obtener. Han planificado tiempos.

Todo está decidido…sin embargo no ejecutan su decisión. El cambio no comienza.

Algo les mantiene en el pasado. Incertidumbre, dudas sobre el resultado…MIEDO.

Entonces trabajamos juntos su decisión, o mejor dicho, la capacidad de ejecutar su decisión para poder “saltar” hacia su futuro.

Decidir se define como “tomar una determinación definitiva sobre un asunto”.

Para comprender los procesos mentales que se esconden debajo de la aparente incapacidad de llevar a cabo una decisión, nada mejor que verse en una situación en la que, una vez decidido algo, no se ejecuta por miedo.

En los deportes y actividades de aventura, esta situación se produce a menudo.


Saltar te permite volar más alto


En escalada, por ejemplo, se llama paso de decisión al que se da desde un punto a otro al que hay que “saltar”. Dudar en este paso significa caer, aunque la cuerda de seguridad evite males mayores.

En realidad, en escalada cada paso a dar es una decisión rápida que debe tomarse y ejecutarse inmediatamente, para escoger la mejor vía de subida.

Si alguna vez habéis practicado descenso de cañones, os habréis enfrentado a la decisión de saltar a una poza desde alturas importantes. La decisión de saltar debe ejecutarse rápidamente, de forma resuelta, para que sea segura.

Estas situaciones también aparecen en los circuitos de multiaventura. 

Recientemente he estado en uno de ellos, Danco Aventura, en Aranjuez, un lugar muy recomendable en mi opinión.

Fui con mi hijo, que tiene 9 años. Comenzamos con un circuito muy divertido, a unos cuatro o cinco metros de altura, pasando una y otra vez sobre un lago, con tirolinas, puentes tibetanos y otros retos parecidos.

Al llegar al final, para bajar, había dos posibilidades: un tobogán o una cuerda con un mecanismo que te hacía bajar a velocidad controlada.

Los dos medios son seguros, los vi emplear. De hecho mi hijo bajó por el tobogán sin ninguna duda.

Yo sí dudé. El tobogán me pareció muy estrecho y vertical, y para emplear la cuerda hay que dar un paso al vacío.

No era capaz de decidir cuál de los medios era mejor para mí.

Simplemente tenía miedo.

El miedo es una emoción básica que te protege del peligro (lo saben todos los que hayan visto la película de Pixar “Inside Out”), pero muchas veces ese miedo nos impide avanzar.

Ese miedo me tuvo (a mí y al monitor de la actividad, gracias Juan) en la plataforma final del circuito durante un buen rato, cambiando de decisión, dudando, y preguntándome cómo era posible que yo dudara siendo la que es mi profesión.

Al final bajé por el tobogán, después de muchas dudas.

El miedo, en mi caso a caer, limitó mi capacidad de avanzar y determinó el medio empleado para bajar, utilizando el que era un reto menor. Confiar en el mecanismo de descenso suponía dar ese paso al aire que es el verdadero desafío en esa última plataforma.

He aprovechado ese momento de duda para aprender algunas cosas, y tomar algunas decisiones.

Primero, me ha permitido comprender los sentimientos de las personas que tienen miedo a dar el paso “al vacío” del cambio, aun cuando  saben que es el mejor camino para su futuro o, como en mi caso, simplemente no queda más remedio que saltar. Desde esa comprensión podré, estoy seguro, ser mejor acompañante en los procesos de cambio, iluminando los miedos que impiden el avance.

En segundo lugar, me ha permitido comprender la limitación que mi miedo supone, y por lo tanto he decidido volver a enfrentarme a él, y, esta vez, superarlo.

Como siempre, si quieres más información sobre mí, la encontrarás en: